Solemos decir cuando se nos mueren los padres que no los olvidaremos, que siempre estarán en nuestros recuerdos, y es verdad pero además nos acordamos de ellos a veces por un tic o un gesto en el que nos sentimos reflejados, -al fin y al cabo somos también herencia genética-, y les recordamos igualmente por las palabras que utilizaban y que nos dejaron como legado. En mi caso la mayoría de palabras me las legó mi madre Cecilia, verdadero arquetipo de la mujer castellana, y proceden de la tierra que le vió nacer, la Tierra de Campos de Palencia aunque es probable que buena parte de estos "palabros" sean compartidos por los habitantes de otras comarcas castellanas. En total les hablaré de cerca de un par de cientos de palabras y como son tantas, las dividiré en varias entradas. Espero que algunos, si están lejos de su tierra natal castellana, se acuerden igualmente, como hago yo, de algunas de ellas.
Es un "amecal", mi madre solía referirse a algo pesado y voluminoso, sin demasiada utilidad práctica. En realidad un "amecal" era un sinónimo de adobera, un molde de madera para la fabricación de adobes. Cuando iba por los pueblos de la Comarca o de Navarra en fiestas me decía que yo era como los "almendreros". Los "almendreros" eran vendedores ambulantes de dulces y también los que ponían el juego de cartas (sorteo de paquetes de almendras) y bote en las fiestas de los pueblos. En mi casa cuando mi padre estaba un día un poco flojo, sin motivo aparente, decía que tenía "andancio", un mal indefinido pero generalizado. A los pacharanes les llamaba "andrinas" y a los albaricoques, "albérchigos".
Cuando le puntualizaba a mi madre por la exactitud de un término o una palabra que había dicho me soltaba la expresión de "A zurrón tira y sino a badana", para aludir a la sinonimia de los términos. La badana era una piel curtida y fina de carnero u oveja. Si me había puesto el morro manchado de crema de cacao, me decía que tenía "bociqueras" y si el peluquero me había cortado muchísimo el pelo que me había dejado como un "borro". Un borro es un cordero de un año y menos de dos. A mi padre que le gustaba hacer las cosas con mucha antelación le decía mi madre que era un "cagaprisas", siempre temeroso de no llegar a tiempo a un lugar.
De una persona inútil, que solo sirve de estorbo se decía que era un "testel". Un "metete", "metiche" o "meticón" era una persona excesivamente curiosa o entrometida. Si uno iba un poco desastrado en el vestir te decía que ibas como un "mangarrán". "Dar morda" era dar envidia. Tener "mormera" era tener "moquita" o catarro y para eso que mejor que tener un "moquero" a mano. A los carámbanos de hielo les llamaba "chupiteles". "Miscar" o "enmiscar" al perro era azuzarle para que te mordiese. Una "ligaterna" o "legaterna" era una lagartija. Aunque en algunos lugares hace referencia a fumadores empedernidos, "fuma como una coracha" en mi casa lo asociábamos al bebedor compulsivo, "bebe como una coracha". Ir "corito" significaba ir desnudo o en cueros, de hecho "corito" etimológicamente procedería del latín "corium": piel.
Había muchas palabras relacionadas con la agricultura o ganadería en Tierra de Campos: mis padres me hablaban de cuando iban a los "majuelos" o viñas jóvenes a vendimiar. Las "tenadas" eran los cobertizos para recoger los rebaños. En los "cunachos" o cestas grandes de mimbre se recogían las uvas de los majuelos. Los "albañales" de los pueblos era por donde circulaban las aguas residuales antes de que se hicieran las canalizaciones de saneamiento. En el campo se "escardaba", o sea arrancar y sacar los cardos y las malas hierbas, se "abasnaba" es decir pasar la basna por la era para uniformar la superficie y evitar que la tierra y las hierbas pasasen a la paja al trillar, se "aventaba" con el bieldo las mieses, legumbres, etc., trilladas, para separar del grano la paja a lo que se llamaba también "beldar" o "abeldar". "Amochar", "mochar" o "mochear" es lo que hacían los carneros con sus enrocadas cornamentas. El "arambol" era el pasamanos de las escaleras.
Te voy a "amolar" o te voy a "rachar" era algo que nos decía mi madre cuando mi hermano o yo habíamos hecho alguna trastada. "Amolar" era estropear, romper o hacer daño. "Rachar" era rajar, partir, resquebrajar o romper algo violentamente. Cuando se iba de casa y nos dejaba un tiempo considerable solos recuerdo que nos decía: No hagáis ninguna "picia". Una "picia" era una travesura propia de niños. Y siguiendo con las recriminaciones maternales ante nuestros peligrosos juegos, también recuerdo las expresiones "te vas a esgornar la cabeza" o "te vas a esnucar" refiriéndose a torcerse o quebrarse el cuello o a recibir un golpe mortal en la cabeza. Recuerdo la "cachava" (bastón) de mis abuelos, los conocí cuando ya eran ancianos y formaban parte fundamental de la imagen que tengo de ellos. Una "cascarria" era un pegote de estiércol adherido al pelo o lana de los animales. No tiene "cataplines" hacía referencia a los "testículos" del varón. El "potorro" es el nombre que se daba a la "vulva" femenina. "Machorra" se le llamaba a una mujer de apariencia masculina o andrógina con dificultades para concebir. Un "ceneque" hacía referencia a una persona boba, torpe, simple, corta, tarda en comprender. Una "cerracina" o "cerrajina" que fue la versión que escuché de mi madre es una pelea escandalosa o tumulto donde hay heridos, incluso muertos. "Se produjo una cerrajina". "Chancar" era tirar algo, violentamente, contra alguien. "Le chancó una azada a la cabeza y casi le mata". Sinónimo de humareda era "humarrera" con el matiz de humo abundante. En unas épocas en las que abundaban los piojos en las escuelas, si bien una liendre era un huevo de piojo, también se asimilaba a veces al piojo mismo. "Tiene liendres".
"No me pongas de espetera" es una expresión coloquial que significa "no me uses como excusa, ni me pongas en medio para cubrirte" o "no me uses de escudo para justificar tus acciones". Cuando a alguien se le pone de espetera "se pone a alguien como excusa o adherido a una causa que no es suya, sino del interlocutor". En verano a veces me daba "galbana", que yo siempre he asimilado más a cansancio que a "modorra" o somnolencia. "Fato" es una persona terca y necia. Vas hecho un "gocho" era una expresión muy familiar cuando uno iba sucio o desaseado. "Rebañar" el plato era apurar toda la comida hasta no dejar nada, incluida la salsa. "Se ha pasado rodo el día reguñendo" significaba que ha estado todo el día gruñendo, quejándose entre dientes. Si alguien se iba de juerga, por ahí, se decía que se "iba de pingo". De un bizcocho demasiado húmedo y empalagoso podía decirse también que estaba "lamigoso". Una mujer ligera de cascos o de costumbres disipadas era calificada como una "candonga". Un hombre también podía ser un "candongo" aunque por el machismo imperante en aquellos tiempos lo escuché muy pocas veces.
¡Jodo petaca!" es una expresión coloquial que escuché a mi padre y que usaba para mostrar asombro, sorpresa, enfado o protesta, similar a "¡Caramba!" o "¡Dios mío!", que viene de un grito de guerra árabe "¡Hudju bitaqah!" ("¡Tómalo por la fuerza!") que se adaptó fonéticamente al castellano. "No jeringues" era sinónimo de "No me molestes o fastidies". "Órdiga" es una interjección de asombro. Un "jijas" es una persona endeble; Un "juanlanas" un hombre apocado que se presta con facilidad a todo cuanto se quiere hacer de él; un "troncho", una persona sin criterio. "Ponerse como un tito" significaba ponerse muy moreno. "Peguijera" puede entenderse como sustantivo o adjetivo, como sustantivo es una cosa que, sin aportar gran provecho, acarrea problemas y dificultades. "Es una pejiguera". Como adjetivo se asimila a fastidioso, latoso o excesivamente exigente. Aplicado a persona, usado también como sustantivo. "Calla, no seas pejiguero.". "Espurrirse" era estirarse o desperezarse. "Panizo" era lo que nos llamaba mi madre si abusábamos del pan: "Eres un panizo". "Jodido" tenía varias acepciones: unas negativas y otras no tanto: "Esta jodido el asunto" cuando el problema era de los grandes. ¡Qué jodido eres" con muchas acepciones y no todas negativas dependiendo del contexto. "Es un pánfilo" se decía de una persona poco inteligente y sin cuajo. "Perillán" es sinónimo de pícaro, tunante. "Eres un perillán". "Le ha dado un paralis" se decía cuando a alguien le había dado un ataque cerebral, refiriéndose a la parálisis de algún miembro o de una parte de su cuerpo.



