jueves, 9 de julio de 2026

Romances y coplas de ciego en Tierra de Campos

Además de las canciones que voy recogiendo en el Álbum sonoro familiar, otro de los recuerdos que forman parte del acervo de mi familia son los romances y coplas de ciego a los que me he referido en diferentes entradas de este blog. En este apartado de la cultura popular entrarían también algunas de las canciones infantiles —algunas no dejaban de ser romances— que, transmitidas sobre todo por mi madre, recogí en Canciones infantiles de antaño (1893-1973) del blog Memorias del Viejo Pamplona, pero en esta entrada me voy a limitar a los romances tradicionales y coplas de ciego.

Antes de que hubiera radio en las cocinas, antes de que el televisor presidiera las cenas, solía haber un hombre que llegaba andando a la plaza del pueblo los días de fiesta y de mercado y que por pocos céntimos contaba en los pueblos de Tierra de Campos lo que pasaba en el mundo: un crimen en Sevilla, un milagro en Zaragoza, una hija que mató a su madre porque la querían casar a la fuerza. Era ciego casi siempre —de ahí el nombre—, pobre, y traía la actualidad y el espanto y la moraleja en el mismo paquete, cantados a voz en cuello sobre una melodía monótona que se pegaba al oído y ya no se iba.

Mi padre le compraba de vez en cuando a mi madre estos pliegos de cordel. En ellos se recogían en versos, que no siempre rimaban, crónicas sobre diferentes sucesos truculentos. En primer lugar habría que diferenciar los romances tradicionales de las coplas de ciego. El romance es una forma métrica antiquísima —versos octosílabos con rima asonante en los pares— que en España es la estrofa popular por excelencia; el romancero viejo, el tradicional, se transmitía casi siempre oralmente de padres a hijos sin papel de por medio. Solía tratar de guerras, cautivos, amores, venganzas, apariciones, malcasadas o episodios legendarios.

En este blog he recogido el romance tradicional de Delgadina y las coplas de ciego Julia Rodrigo, Un mocito de Mugardos y una referencia a una copla, cuyo texto no he podido encontrar en ningún sitio y que yo llamo El día 7 de enero porque con esa fecha comenzaba y que hablaba de un crimen pasional cometido por un sujeto llamado Luis Calvo.

El romance de ciego o copla de ciego es una cosa diferente al romance tradicional, aunque emparentada con aquel. Es una composición en verso, casi siempre de autor anónimo, que narraba un suceso —real o presentado como real— efectista o de resonancia: un crimen atroz, un milagro, un castigo divino, un caso insólito, un incendio, un adulterio, un niño perdido, una moza burlada, una aparición de la Virgen o un suceso local contado como advertencia pública. Lo definía muy bien el escritor e investigador granadino Bruno Alcaraz. Decía que las coplas contaban aquellos hechos «localizados en una aldea, un pueblo, una villa o una ciudad, y que por su dramatismo, atrocidad o espanto, así como por su desenlace trágico, impresionaron a las gentes de su época».

El pliego de cordel era el soporte físico de la copla: un pliego de imprenta barato vendido por cantores ambulantes —muchas veces ciegos—, que recitaban o cantaban dichas coplas en plazas, ferias, romerías y esquinas concurridas. El pliego estaba doblado hasta formar un cuadernillo de pocas hojas, sin encuadernar, con un grabado xilografiado sobre el título —un título largo y aparatoso que a menudo resumía ya el argumento— y el texto a dos o tres columnas. Se llamaron «de cordel» porque se vendían colgados de una cuerda tendida entre dos árboles o dos clavos, sujetos con una caña a modo de pinza para que no se los llevara el aire.

Los ciegos cantores de los romances y coplas no vagaban al azar: recorrían, según el músico y folclorista Joaquín Díaz, «sendas adjudicadas de antemano que les llevaban a las ferias y mercados correspondientes donde tendrían más o menos asegurada la venta de sus pliegos». Una red comercial, con sus rutas y sus exclusivas, apoyada en viejas autorizaciones reales que permitían a los ciegos imprimir y vender estampas de santos, y que ellos ampliaron hasta convertirse en los grandes distribuidores de literatura popular del país.

El ciego llegaba al mercado, desplegaba su cartelón —un gran tablero pintado con las escenas del romance, que iba señalando con una vara mientras cantaba—, reunía el corro, y desgranaba la historia con voz de recitativo. Si el romance era largo, cortaba en lo más emocionante para no perder clientela, y aprovechaba el intermedio para vender otras mercancías: el Calendario Zaragozano con la previsión del tiempo y las ferias del año, medicinas de dudosa virtud, oraciones. «Fin de la segunda parte —anunciaba—; estas dos no pintan nada, la tercera es la que vale.» Terminada la función, el lazarillo vendía los pliegos a quien quisiera llevarse la historia a casa.

Y la gente se la llevaba. En una comarca donde en el siglo XIX y comienzos del XX muchos no sabían leer, aquellos papeles se aprendían de memoria a fuerza de oírlos, y se recitaban después en las reuniones de la lumbre, en las noches de la matanza, en las veladas de verano en torno a la hoguera. Así una copla comprada una mañana de feria seguía viva en el pueblo mucho después de que el ciego se hubiera marchado a otra villa. Escuchada, memorizada, repetida y —esto es lo importante— deformada: cada boca cambiaba una palabra, ajustaba un verso, olvidaba una estrofa y se inventaba otra. Lo he podido comprobar en las coplas que me transmitieron mis padres. El romance impreso volvía a hacerse oral, y al hacerse oral se hacía de todos.

Si uno lee los títulos, entiende enseguida de qué iba esto:  El crimen de Ceclavín, El crimen de la Ermita del Cristo del Otero, etc. Algunos de los temas eran casi exactamente los de las secciones de sucesos de cualquier periódico: crímenes pasionales, parricidios, muchachas deshonradas y abandonadas, valientes bandoleros, milagros, apariciones, catástrofes en lugares remotos que el oyente jamás pisaría. Hay además una referencia muy directa a Tierra de Campos: el Fondo de Música Tradicional del CSIC conserva una Copla de ciego de Tamariz de Campos, recogida por Joaquín Díaz, con informantes de Cuenca de Campos, Valladolid, cuyo inicio dice: «Lo que en Tamariz, señores, ha llegado a suceder». Ese arranque es muy característico: llamada al público, promesa de suceso extraordinario y tono de pregón.

El molde argumental se repetía con variaciones infinitas. Una joven honrada, de buena familia; un galán que la enamora, consigue sus favores bajo promesa de matrimonio y luego la abandona al saberla encinta; la deshonra, la vergüenza ante el qué dirán, y el desenlace: unas veces el infanticidio en un barranco y el niño salvado milagrosamente por un pastor; otras, la venganza sangrienta —la moza que coge el puñal, se planta en la iglesia el día de la boda del traidor y lo mata ante el altar—. «Yo soy la autora del crimen —declara ante el juez la Adelina de una de esas coplas—, porque a mi novio he matado, se iba a casar con otra y a mí me había deshonrado.»

En la mayoría de las coplas de ciego el suceso se jura verdadero. El ciego insistía siempre en que aquello había ocurrido de veras, con nombres, fechas y lugar, «y no era mera fantasía del autor». Y remataba con la moraleja, la lección de buenas costumbres que justificaba moralmente el regodeo en lo truculento. Las coplas eran escuela de espanto y de virtud al mismo tiempo. La Iglesia desconfiaba de estos papeles y a la vez los aprovechaba para difundir devociones; las élites cultas los despreciaban como «subliteratura», y sin embargo, como se ha escrito con razón, ningún otro repertorio contribuyó tanto «a la conformación del imaginario común y del gusto popular».

La radio y la televisión mataron al ciego de los romances a mediados del siglo XX. La misma voz eléctrica que traía el mundo a las cocinas —y que, andando el tiempo, se iría también, pero eso es otra historia— hizo innecesario al hombre que lo traía andando. El oficio se apagó en la posguerra y desapareció.

Que no se perdiera del todo se lo debemos, en Castilla, sobre todo a un hombre: Joaquín Díaz. El folclorista zamorano, afincado en Urueña —donde fundó su Centro Etnográfico y su Fundación—, dedicó parte de su vida a recoger, grabar y estudiar este patrimonio, rescatando de la memoria viva de las gentes lo que aún se recordaba. Hoy su Fundación conserva más de seis mil pliegos de cordel. Quien quiera oírlos —porque estas cosas hay que oírlas, no solo leerlas— tiene ahí las grabaciones de Joaquín Díaz. Yo recomiendo hacerlo una noche de invierno, con la casa en silencio. Se entiende de golpe por qué la gente formaba corro, por qué se les ponía la carne de gallina, y por qué muchas de aquellas historias, despojadas del pliego y del ciego, siguen andando por nuestros cuentos sin que sepamos ya de dónde vinieron.

sábado, 30 de mayo de 2026

Album sonoro familiar: Las canciones de "El último cuplé"

"El último cuplé", la película, las canciones que canta Sara Montiel en la cinta, en especial "El relicario" tienen un significado muy especial para mi familia. La vimos varias veces a lo largo de nuestra vida compartida. A mis padres y especialmente a mi madre Cecilia le gustaba mucho esta película. La primera vez que la ví fue de niño, seguramente en las vacaciones en el pueblo, en Autillo y posteriormente varias veces en casa, la última vez en la tarde del 13 de abril de 2013, cuando fallecía mi madre en el Hospital de Navarra y mi hermano me avisaba por teléfono del fatal desenlace. Sara Montiel había fallecido esa misma semana y estaban echando por enésima vez "El ultimo cuplé" como homenaje. Curiosa circunstancia que fuera esta película de final trágico tan vinculada al acervo familiar la que estuviese viendo yo en aquel fatídico momento.

La película la iba a protagonizar inicialmente Carmen Sevilla pero estaba rodando en ese momento "La venganza" de Juan Antonio Bardem. El director Juan de Orduña llamó a Sara que había venido a España de vacaciones tras estar rodando varias películas en Estados Unidos. Se rodó en condiciones muy precarias por falta de dinero. La película se estrenó el 6 de mayo de 1957 y fue la película más taquillera del cine español hasta el estreno de "No desearas al vecino del quinto" en  1970. Supuso la consagración definitiva como estrella de Sara Montiel. Sara interpreta las canciones de la película que incluye títulos tan recordados como "El relicario", "Nena", "Valencia", "Fumando espero", "Y tu no eres eso", "La madelón", "Ven y ven", "Clavelitos", "Sus picaros ojos", entre otros,  a diferencia de otras actrices que eran dobladas por cantantes profesionales.

La película narra la historia de María Luján, una gloria olvidada de la canción que actúa en un cabaret de Barcelona en los años 50. Al encontrarse con su descubridor, Juan Contreras y un grupo de amigos recuerda el pasado, sus comienzos como corista hasta llegar a convertirse es la primera figura del cuplé. Se narra la vida con su tía,  sus primeros amorios, su renuncia al noviazgo para dedicarse al cuplé, sus giras por todo el mundo, un lance por honor, su enamoramiento por un joven torero, Pepe Molina, 10 años más joven que ella. Pepe debuta en Sevilla y luego en Madrid, donde fallece en la plaza ante la mirada de María y su tía. Tras la muerte de su amado torero es cuando María Luján canta "El relicario", vestida de negro y rota por el dolor. Muy afectada por la muerte de Pepe, un médico le aconseja no volver a cantar por una afección cardíaca y se va a París. Posteriormente decide volver a España y se instala en Barcelona. Sus amigos, la animan a volver a cantar y tras una gran promoción vuelve a actuar en Madrid. Allí canta su famoso tema "Nena", tras la cual  emocionada y gravemente enferma, muere en brazos de Juan, vestida de negro y tumbada en la chaise longue. Juan anuncia al público que María ha cantado su último cuplé. A continuación dejo algunas grabaciones de las canciones más famosas de la película, "Y tu no eres eso", "El relicario" y "Nena".



sábado, 23 de mayo de 2026

El Canal de Castilla (1753-2026)

El Canal de Castilla es la obra de ingeniería hidráulica más importante de España y su construcción abarcó  dos siglos: el siglo XVIII y el siglo XIX. Concebido en la Ilustración por el Marqués de la Ensenada, reinando Fernando VI, su objetivo principal era crear una red de navegación que facilitara el transporte de cereales desde la aislada meseta castellana hasta los puertos del Cantábrico. Castilla producía cereal, pero tenía un problema secular: malas comunicaciones, caminos lentos, caros y difíciles. El canal quería romper ese aislamiento.  El proyecto original era mucho más ambicioso que lo que finalmente se construyó. Se llegó a pensar en una red de canales que conectara Segovia con Reinosa/Santander, pero por dificultades técnicas, económicas y políticas solo se ejecutaron tres ramales: Ramal Norte, Ramal de Campos y Ramal Sur. El cuarto ramal, que debía unir Segovia con Villanueva de Duero, nunca llegó a construirse.

Las obras

Antonio de Ulloa redactó en 1753 el Proyecto General de Navegación y Riego para los Reinos de Castilla y León, asesorado por el ingeniero francés Carlos Lemaur, que ya había trabajado en un proyecto previo de hasta siete canales. Las obras comenzaron oficialmente el 16 de julio de 1753 en Calahorra de Ribas, en la provincia de Palencia. Fue una construcción larguísima, discontinua, con parones, guerras, falta de financiación y cambios de modelo de gestión. En 1754 ya se había avanzado hacia Paredes de Nava, pero la obra se paralizó tras haber construido 25 km; en 1759 se retomó el Ramal Norte desde la zona de Alar del Rey; en agosto de 1791 se dio por concluido el tramo inferior del Ramal Norte y sus aguas se unieron con las del ramal de Campos en Calahorra de Ribas; en 1792 se inicia el ramal sur en el Serrón. 

En 1804 volvieron a interrumpirse las obras por la guerra de la Independencia; en 1828 pasó a manos de una empresa privada, ya que  Fernando VII, ante la imposibilidad del Erario Público de seguir sufragando la obra, dictó una Real Orden para que el proyecto lo ejecutara una empresa privada. En 1831 el Estado concedía a la "Compañía del Canal de Castilla" la explotación durante 80 años (luego reducidos a 70); en 1835 se terminó el ramal sur llegando las aguas a Valladolid; y en noviembre-diciembre de 1849, bajo el reinado de Isabel II el canal  en su ramal de Campos alcanzó Medina de Rioseco y quedó configurado prácticamente como lo conocemos hoy. El 14 de diciembre de 1849 comenzó oficialmente la explotación por parte de la Compañía del Canal de Castilla. Por tanto, puede decirse que el Canal de Castilla se construyó entre 1753 y 1849. Casi un siglo. Una obra ilustrada que nace con Fernando VI y el marqués de la Ensenada, atraviesa el reinado de Carlos III, la Guerra de la Independencia, las crisis del primer liberalismo y termina ya en tiempos de Isabel II.

La longitud total que suele darse es de 207 kilómetros, aunque algunas fuentes hablan de 205, 207 o incluso algo más, según incluyan ramalillos, dársenas o mediciones técnicas. La estructura general tiene forma de Y invertida: nace al norte, en Alar del Rey, y se divide después hacia Medina de Rioseco y Valladolid. El canal discurre por las provincias de Palencia, Burgos y Valladolid. Entre los núcleos más representativos están:

Ramales y pueblos por los que pasa

En el Ramal Norte: Alar del Rey (cabecera), San Quirce de Río Pisuerga, Herrera de Pisuerga, Ventosa de Pisuerga, Castrillo de Río Pisuerga, Olmos de Pisuerga, Naveros de Pisuerga, San Llorente de la Vega, Melgar de Fernamental, Osorno, Cabañas de Castilla, Requena de Campos, Boadilla del Camino, Frómista (famosa por su cuádruple esclusa), Piña de Campos, Amayuelas y Calahorra de Ribas/Ribas de Campos. En el Ramal de Campos: El Serrón, Villaumbrales  (sede del Museo del Canal) , Becerril de Campos, Sahagún el Real, Paredes de Nava, Fuentes de Nava, Abarca de Campos, Capillas, Castil de Vela, Belmonte de Campos, Tamariz de Campos y Medina de Rioseco (dársena final).  En el Ramal Sur: Grijota, Palencia, Villamuriel de Cerrato, Soto de Albúrez, Baños de Cerrato, Dueñas, Cubillas de Santa Marta, Trigueros del Valle, Valoria la Buena y Valladolid.  El Ramal Norte tiene 75 km y 24 esclusas para vencer un desnivel de 85-87 metros, el Ramal de Campos se extiende a  lo largo de 78 km y 7 esclusas ( es el de menor desnivel) y el Ramal Sur posee 54 km y 18 esclusas, en total 49 esclusas que permiten salvar los desniveles, además de acueductos, presas, dársenas, retenciones y puentes. Se vence un desnivel total de 150 metros. El cauce se excavó directamente sobre el terreno, a pico y pala, sin maquinaria pesada, con sección trapezoidal, anchuras variables entre 11 y 22 metros y profundidades aproximadas entre 1,80 y 3 metros.  

Construcción: coste y mano de obra

En la obra trabajaron campesinos de las poblaciones cercanas, destacamentos del ejército y presidiarios.  La fuerza de trabajo llegó a superar las 4.500 personas en algunos momentos, reclutadas entre la población local y mediante trabajo forzado de penados, práctica habitual en la época para las obras públicas. La aportación técnica corrió a cargo del Cuerpo de Ingenieros Militares durante el siglo XVIII y, en el XIX, de ingenieros civiles. Según las fuentes, participaron entre 2.500 y 4.500 presidiarios en condiciones de trabajos forzados, puestos por el gobierno a disposición de la Compañía del Canal de Castilla, con una asignación de 2,5 reales por presidiario y día que pagaba el gobierno. De aquella etapa todavía se conservan mazmorras para los presidiarios.

Además de excavar el canal, hubo que levantar una arquitectura hidráulica enorme: esclusas, presas, puentes, acueductos, dársenas, retenciones, molinos, fábricas, almacenes y casas de escluseros. No era solo una zanja con agua. Era un sistema técnico, económico y territorial completo. Carlos IV ordenó incluso repoblar el entorno del canal: se intentó crear once nuevas poblaciones a lo largo del recorrido, aunque solo consolidó Alar del Rey; otras como San Carlos de Abánades y Sahagún el Real tuvieron vida efímera.

No hay una  cifra cerrada y definitiva del coste de las obras, pero fue enorme y muy superior a lo previsto. La obra se prolongó durante casi cien años, pasó por financiación pública y privada, sufrió paralizaciones, cambios de proyecto y reformulaciones contractuales. Una estimación académica, citando cálculos de Tapia y Helguera, sitúa el coste en más de 80 millones de reales, con años en los que el desembolso superó los 3 millones de reales. A coste actual habría supuesto entre 800 y 1.200 millones de euros.

Función principal

Su función principal era el transporte de mercancías, sobre todo grano, mediante barcazas tiradas por mulas desde los caminos de sirga. El recorrido diario de las barcazas oscilaba entre 20 y 30 kilómetros, por lo que el trayecto entre Alar del Rey y Medina de Rioseco duraba entre 5 y 8 días. La navegación comercial comenzó antes de terminarse toda la obra, hacia 1792, y alcanzó su mayor esplendor entre 1850 y 1860, cuando llegaron a circular unas 400 barcazas. También hubo transporte de pasajeros: se citan incluso diligencias diarias entre Valladolid y Palencia.

Además, aprovechando la fuerza motriz del agua en las esclusas, surgió una notable actividad industrial vinculada al agua: fábricas de harinas, papel, cueros, molinos, batanes, armas e incluso astilleros. La navegación se mantuvo hasta bien entrado el siglo XX: el cierre definitivo al tráfico se produjo en 1959, motivado por la competencia del ferrocarril Valladolid-Alar del Rey, cuyo trazado paralelo al canal lo dejó obsoleto comercialmente.

Usos actuales

La Confederación Hidrográfica del Duero indica que actualmente el canal sirve para abastecimiento: surte de agua potable a 48 municipios, entre los que destacan Palencia y la mitad de Valladolid, llegando a cerca de 400.000 personas; regadío: riega unas 34.000 hectáreas y producción hidroeléctrica en determinados saltos. También se ha consolidado como recurso turístico: se han recuperado los caminos de sirga como vías cicloturísticas y senderistas. Se realizan paseos en barco turístico en tramos de Herrera de Pisuerga, Villaumbrales y Medina de Rioseco. 

El Museo del Canal está situado en Villaumbrales, donde se exhiben restos de los astilleros. El Canal de Castilla es hoy un paisaje histórico. No solo importa el agua, sino todo lo que queda a su alrededor que constituye un patrimonio cultural e industrial de primer orden: esclusas, fábricas harineras, puentes, acueductos, dársenas, casas de escluseros, caminos de sirga, arbolado (en sus orillas han surgido ecosistemas de ribera, con vegetación higrófila (carrizos, espadañas), bosques de galería (olmos, chopos, álamos, fresnos, sauces) y arbustos;  humedales y pueblos que nacieron o crecieron mirando al canal. Está considerado Bien de Interés Cultural y es una de las grandes rutas patrimoniales de Castilla y León.

En resumen: fue un proyecto ilustrado para sacar Castilla al mar; nació para transportar cereal y mercancías; costó décadas, millones de reales y muchísimo trabajo humano; el ferrocarril lo dejó atrás como vía comercial; y hoy sobrevive como canal de riego, abastecimiento, energía, memoria industrial, corredor ecológico y ruta turística.


Album sonoro familiar: "No te puedo querer"

A esta canción, con ritmo de pasodoble me referí en una entrada anterior cuando hablaba de "Tres Cruces", una de las canciones imprescindibles de mi album sonoro familiar. Como aquella la canción "No te puedo querer"  fue compuesta por Carmelo Larrea Carricarte. Larrea fue una de las figuras más importantes de la música popular española de mediados del siglo XX. Sus canciones fueron parte de la memoria sentimental de la generación de la postguerra. Nació en el barrio bilbaino de Elorrieta (Deusto) el 16 de julio de 1907. Mostró desde niño grandes facultades para la música. Estudió en la Sociedad Filarmónica teniendo como maestro de órgano y piano a Jesús Guridi. A comienzos de los años 30 se enrola como  músico en el circo de los Hermanos Carrey, formando un trío  de piano, violín y concertina. Luego actuará en el circo Corzana y en el Feijoo. La guerra le sorprende en Jerez de la Frontera donde se convierte en saxofón de una banda militar. 

Tras la guerra se asienta en Sevilla tocando este instrumento con diversas orquestas y en diferentes salas de fiesta. Conoce a Antonio Machín para quien compone en 1941 el bolero "Noche triste". A partir de entonces no cesará su producción con canciones como "Las doce en punto", "Un año más" y es coautor del pasodoble "No te puedo querer", la canción de mayor recaudación en la SGAE de 1952. Las versiones más conocidas de esta canción son las de Jorge Sepúlveda y "Los churumbeles de España" con la voz de Juan Legido. Esta canción será una de las fijas en verbenas, ferias y fiestas de toda España. Su letra  muestra un desengaño amoroso - provocado al parecer por el desprecio de “la contraria” - del que el cantante sale, aparentemente, con garbo y chulería: “ahora es tarde, no hay remedio/ ya no te puedo querer”. También es autor de "La tres cosas" y "Puente de piedra"

Después de su etapa sevillana se traslada  a Madrid. Aquí aparece "Dos cruces", una de sus canciones más populares. Para Angelillo, y para la película "Suspiros de Triana", compuso  "Camino verde". Tras nueve años de trabajar por diversos países de América, se desplaza a Londres, donde se incorpora a la orquesta del barco israelí "Nili", que hizo cruceros turísticos por los países nórdicos. Luego regresa a vivir definitivamente a Madrid, con su esposa, Josefina Reguilón. Falleció el 2 de febrero de 1980 a las cuatro de la mañana víctima de un infarto de miocardio. Contaba con 72 años.
 
A continuación dejo el texto y una grabación  de "No te puedo querer", concretamente la versión de Jorge Sepúlveda:

No quiero que me supliques
Que yo te quiera
No quiero verte llorar
Ni quiero que pases pena
Despreciaste mi cariño
Cuando yo te lo entregaba
Y un cuchillo me clavabas
En mitad del corazón
Lo mismo que estás sufriendo
Yo también por tí sufrí
Hazte cuenta que me he muerto
Y no te acuerdes de mí


No te puedo querer
Porque no sientes
Lo que yo siento
No te puedo querer
Apartame de tu pensamiento
Un día te quise
Y al verme llorando
Tú te reías de mi padecer
Ahora es tarde, no hay remedio
Ya no te puedo querer

Yo bien quisiera quererte
Pero no puedo
La culpa no tengo yo
Ni mando en mi sentimientos
Tú jamás podrás negarlo
Que te quise ciegamente
Y que esclavo estuve siempre
De tu gusto y voluntad
Si ahora ya no te quiero
No te debes de dejar
Que te pago con monea
Que me enseñaste a acuñar


No te puedo querer
Porque no sientes
Lo que yo siento
No te puedo querer
Apartame de tu pensamiento
Un día te quise
Y al verme llorando
Tú te reías de mi padecer
Ahora es tarde, no hay remedio
Ya no te puedo querer

 


 

domingo, 17 de mayo de 2026

Los palomares de Tierra de Campos

Si los hórreos caracterizan el paisaje de Asturias o Galicia, los palomares son una parte fundamental del paisaje de Tierra de Campos y contribuyen decisivamente a perfilar su skyline y su identidad. Su origen se remonta la edad media. Su función principal era la cría de palomas para el autoconsumo aunque también se obtenía un abono orgánico conocida como palomina (guano). Estaban construidos con diferentes materiales naturales propios de la zona: tierra cruda, revestimiento de cal, refuerzos de ladrillo macizo o mampostería y cubiertas de madera a diferentes aguas. Su forma es predominantemente circular, con patio o sin él aunque también abundan los cuadrados y rectangulares, casi siempre en las inmediaciones de los pueblos.  En toda la provincia  existen cerca de un millar de palomares. En las inmediaciones de  los pueblos donde pasé mis veranos durante mi infancia y primera juventud, Fuentes de Nava y Autillo de Campos, recuerdo que existían algunos palomares. 

En Palencia hay diferentes rutas y agrupaciones de palomares que destacan sobre el conjunto y que se encuentran  en diferente estado de conservación. La primera ruta de 50 km recorre seis pueblos con cerca de 70 palomares: Frechilla, Guaza de Campos, Capillas, Torremormojón, Pedraza de Campos y Villamartín de Campos. En Frechilla había una decena de construcciones, paralelas al curso del río Valdeginate. En Guaza de Campos se podían contar hasta una quincena de palomares en dos grupos, al sur y al noreste del pueblo. En Capillas había 7 palomares, también en dos agrupaciones, una al noroeste y otra al oeste de la localidad. En Torremormojón encontramos un conjunto formado por 17 palomares, en su mayoría en mal estado de conservación, al oeste del pueblo también en dos agrupaciones. Pedraza de Campos  cuenta con 12 palomares documentados en dos agrupaciones, al suroeste y al sureste. En Villamartín de Campos hay un único grupo, situado al oeste del casco urbano, con 8 palomares y destacan por su gran tamaño, tanto de perímetro como de altura. La segunda ruta la conforman Tamara de Campos, Santoyo y Astudillo. El pueblo que cuenta con más palomares de ellos es Tamara de Campos con 21, dos de ellos octogonales. El conjunto de palomares de Santoyo está compuesto por 15 palomares situados al este de la localidad. Aquí está, además, el centro temático del palomar. En Astudillo hay tres conjuntos de palomares que suman un total de 15 construcciones.

Album sonoro familiar: "Rascayú, Rascayú"

Esta canción, modificada ligeramente en su texto, salía alguna vez a colación en el ámbito familiar cuando mis padres, -lo oí más en boca de mi madre que de mi padre-,   querían poner de manifiesto tu ineptitud en la vida ante un cambio drástico, por ejemplo el fallecimiento de un familiar o allegado cercano, en este caso  eran  los padres, pero podía ser el marido frente a la muerte de la esposa, etc. "Rascayú Rascayú, cuando muera que harás tú...", cuando la letra de la canción decía "Rascayú Rascayú, cuando mueras que harás tú..."

Esta canción de 1943, todo un éxito en su época,  la debieron escuchar mis padres cuando tendrían 14 o 16 años y fue compuesta e interpretada por el músico mallorquín Bonet de San Pedro. Tenía un ritmo de foxtrot y un evidente humor negro ya que narra la historia de un personaje que visita a su amor fallecido en el cementerio y  entabla amistad con diversos esqueletos. Además se pregunta que hará el personaje una vez fallecido, ya que únicamente será un cadáver, nada más.

Inspirada, según algunos expertos, en "La boda negra" del cubano Alberto Villalón, basada a su vez en un hecho real de primeros de siglo tuvo algún problema con la censura de la época especialmente porque en los entornos populares  se podía aludir  veladamente a Franco y su destino y  frente a la iglesia orque ponía en duda la existencia de la vida después de la muerte.

Fue versionada entre otros por Rudy Ventura (1960), Los gatos negros (1966) o la Topolino Radio Orquesta (1981). Adjunto el texto y la versión original de Bonet de San Pedro y "Los siete de Palma" en disco de pizarra remasterizada por Aragón Dubs.

Rascayú cuando mueras que harás túRascayú cuando mueras que harás túTú serás un cadáver nada másRascayú cuando mueras que harás túOigan la historia que contome un díaEl viejo enterrador de la comarcaEra un viejo a que la suerte impíaSu rico bien arrebató la parcaTodas las noches iba al cementerioA visitar la tumba de su hermosaY la gente murmuraba con misterio"Es un muerto escapado de la fosa"Rascayú cuando mueras que harás túRascayú cuando mueras que harás túTú serás un cadáver nada másRascayú cuando mueras que harás túHizo amistad con muchos esqueletosQue salían bailando una sardanaY mezclando sus voces de ultratumbaCon el croado de alguna ranaLos pobrecitos iban mal vestidosCon sábanas que ad hoc habían robadoY el guardián se decía con recelo"Estos muertos se me han revolucionado"Si no es bastante tétrica la historiaLos fuegos fatuos se meten en el líoArmando con sus luces tenebrosasUn cacao de padre y muy señor míoRascayú cuando mueras que harás túRascayú cuando mueras que harás túTú serás un cadáver nada másRascayú cuando mueras que harás túRascayú cuando mueras que harás túRascayú cuando mueras que harás túTú serás un cadáver nada másRascayú cuando mueras que harás tú

 



viernes, 3 de abril de 2026

Ordenanzas municipales de Fuentes de Nava (1899)

Han llegado a mis manos las ordenanzas municipales del Ayuntamiento de Fuentes de Nava, firmadas el 25 de noviembre de 1899 por el alcalde del pueblo, Alberto Díez. Tras la exposición pública fueron aprobadas definitivamente por el consistorio el 12 de enero de 1900 y por el gobernador civil el 15 de mayo de 1900. Aunque todos los documentos históricos hay que analizarlos en su contexto destaco en esta entrada algunas curiosidades de estas ordenanzas que me han llamado la atención. El título primero de las Ordenanzas se centra en el Régimen Administrativo: su ámbito de actuación, quien ejerce la autoridad municipal, las obligaciones de los habitantes del municipio, tanto legales como pecuniarias, etc. 

El título segundo se centra en el Orden público. El capítulo 1º se refiere a las fiestas religiosas y populares. Dentro de este capítulo, en el art.5 se prohibía que la gente se detuviese durante esas fechas en las cancelas y entradas de los templos. En el art. 6 se restringían todo tipo de diversiones junto a los templos mientras se celebrasen los oficios religiosos. El art. 8 hablaba de la limpieza de las calles y plazas por donde pasasen las procesiones, operaciones, -las del riego y barrido-,  que corrían a cargo de los vecinos. El art. 9 instaba a a guardar la debida compostura a los asistentes a la procesión. El art. 10 prohibía fumar o tener cubierta la cabeza mientras pasase la procesión. El art. 11 exigía el hincado de rodillas ante el sagrado Viático. El art. 12 prohibía proferir blasfemias contra Dios, los santos y objetos sagrados, entonar canciones contrarias a las instituciones, a la moral y las buenas costumbres o hacer otras manifestaciones que pudieran perturbar el orden y la tranquilidad del vecindario. El art. 13 permitía la utilización de mascaras pero quedaba prohibida la utilización de vestiduras sacerdotales y los trajes de funcionarios públicos, el art 14 facultaba a la autoridad a quitar la careta al enmascarado. El art. 15 impedía la celebración de bailes o espectáculos públicos que no contasen con  la debida autorización de la autoridad. Las multas de los infractores a estos artículos oscilaban  entre las  3 y las 10 pesetas.

El artículo 17 se refería a los juegos prohibidos y determinaba que los juegos de envite, suerte o azar que no fuesen de puro pasatiempo y recreo estaban vetados e incurrían en  multa gubernativa de 6 pesetas al margen del castigo que determinase el código penal. El Artículo 18 establecía los horarios de algunos establecimientos públicos como  la tiendas de licores, tabernas y otros establecimientos análogos que  debían cerrar a las nueve de la noche en invierno y a las once el resto del año. Multa: 5 a 10 pesetas en el caso de incumplimiento. El art. 19 proscribía la tradición de las  cencerradas a los viudos/as casados en segundas nupcias. Multas: de 2 a 5 pesetas a quien las realizase. La desobediencia a la autoridad se sustanciaba en los artículos 20 y 21, en el primero se incluían la falta de respeto a la autoridad y desobediencia, con multas: de 5 a 10 pesetas; también con esta misma cuantía se penalizaba la falta de auxilio a la autoridad. Las mayores sanciones, de 6 a 12 pesetas, se imponían a quien ocultase su nombre, vecindad, estado o domicilio a la autoridad o los funcionarios públicos.

El título tercero se centraba en la policía de seguridad y establecía disposiciones para los casos de incendios, el deber de dar aviso a la autoridad y a determinados gremios necesarios para la reconstrucción de las fincas, castigándose la falta de auxilio en esos casos. Los artículos 26 y 27 se referían a los carruajes y caballerías, estableciendo las medidas necesarias para que discurriesen por las calles del pueblo,  yendo al trote, sin correr, así como estableciendo la manera de llevar las caballerías  a pastar, etc. El título cuarto se encargaba de la policía de abastos y establecía los procedimientos para la venta del pan, así como la de las carnes y comestibles en general, garantizando la buena calidad de los productos y  la  exactitud  en  los sistemas de pesaje y medición, como garantía para el consumidor. También dentro de este apartado se garantizaba el buen uso de las fuentes públicas, su empleo adecuado por la ciudadanía y se prohíbía  lavar ropas, lanas y otros objetos en el pilón del caño.

El título quinto se refería a profesores y facultativos, obligados a comunicar cualquier alteración en la salud pública de la población a la autoridad; además establecía las tareas de limpieza y salubridad obligando a los vecinos a  mantener el exterior de su casa libre de abono o estiércol  así como de poner coto a la salida de aguas sucias e inmundicias a la calle por los albañales de las casas durante el día,  así como  arrojar en ningún momento estas a  la calle. También se ponía límites al depósito de tierras y escombros, la realización de adobes, etc. Tránsito público: Los transeúntes debían circular por la derecha y también se establecía como se debían conducir los cadáveres desde los domicilios al cementerio único de la villa para su enterramiento.

El título sexto se centraba en la llamada policía rural y perseguía  con multas de una  a  doce pesetas a los que destruyesen los hitos y señales de la mojonera general del término. Con una a diez pesetas se multaba a los que arrancasen árboles. Hay un amplio apartado bajo el nombre de Guardia y Custodia del Campo, además de otros bajo el nombre de servidumbres públicas y bienes comunales o protección pecuniaria y agrícola. En este apartado se establecían las siguientes prohibiciones, obligaciones y en general los siguientes preceptos: para ir  de una a otra finca se debía caminar siempre por las líneas divisorias, nadie podía introducirse en los sembrados y terrenos acotados sin la debida autorización, nadie podía abrir zanjas junto a los caminos, tampoco quemar rastrojeras, ni encender hogueras; se determinaba como había que conducir las caballerías y los ganados por los campos, se vetaba la entrada en los viñedos hasta que estuviesen preparadas las uvas para la vendimia y se prohibía, asimismo, la alteración de los caminos vecinales y senderos establecidos. Los últimos artículos de las ordenanzas se referían a la perdida o hallazgo de reses o caballerías extraviadas.