En esta entrada he utilizado los censos/listas electorales de Fuentes de Nava que encontré hace varios meses en el Archivo de la Diputación de Palencia para analizar la composición de los habitantes del pueblo a lo largo del período: 1890-1955 y en concreto algunos de sus aspectos socio-demográficos: las edades predominantes, sus oficios u ocupaciones, su nivel de instrucción cultural y su composición familiar. Es una primera aproximación porque estas listas electorales dan para mucho más, como veremos.
Estructura por edades
A partir de la lectura cruzada de los primeros censos/listas electorales disponibles de Fuentes de Nava (1890, 1900 y 1910), se puede perfilar con bastante claridad el perfil socio-laboral de los electores, básicamente varones con derecho de voto y, con más cautela, algunos indicios de estructura doméstica. Es importante subrayar una limitación: los censos que encontramos en los archivos no son padrones familiares completos sino listados de electores; por lo tanto, no aparecen mujeres que aun no tenían reconocido el derecho a voto, ni menores ni otros miembros del hogar, y la “composición familiar” solo podía inferirse indirectamente por el domicilio, los apellidos y algunas notas. En 1890 se observan electores desde edades adultas medias (treintena) hasta edades avanzadas (setenta y más). En el arranque de la lista ya aparecen, por ejemplo, personas de 34, 56, 64, 74 años, lo que indica un censo con fuerte presencia de mayores. En páginas interiores aparecen edades aún más altas (p. ej., 85 años), confirmando que el electorado incluye una franja de longevidad notable para el medio rural de la época. En 1900 el patrón se mantiene: abundan las edades maduras y aparecen edades muy elevadas (p. ej., 73, 80). El documento presenta la edad como columna sistemática, lo que facilita ver una concentración en edades medias (40–60) con una cola significativa de mayores. La rectificación de 1910 vuelve a mostrar un rango amplio, ahora con más jóvenes adultos (25–30) y mayores (70+) coexistiendo en el censo. Además, 1910 se organiza por distritos municipales (Ayuntamiento / Escuela) y sección única, lo que sugiere una administración censal más estandarizada. En conclusión, en los tres cortes anuales hay un electorado predominantemente adulto y maduro, con presencia relevante de ancianos, lo que encaja con una comunidad rural donde el estatus de elector se asocia a cierta estabilidad residencial y trayectorias laborales consolidadas.

En el período 1922-1946 descubrimos un electorado más completo por cohortes. En 1922 hay un predominio de edades adultas con cola de mayores. En las primeras páginas aparecen rangos muy amplios: desde los 25–30 años hasta los 70–80 años. Esto sugiere un electorado con fuerte peso de adultos maduros y presencia significativa de ancianos, típico de listas electorales rurales. En 1934 se amplía la base y aparece una “lista adicional” de jóvenes, además del componente femenino. En la lista definitiva hay edades desde la veintena hasta edades muy altas (p. ej., aparecen 71–80 en varios asientos). El documento incluye una lista adicional de residentes que adquirían el derecho de sufragio antes de una fecha determinada; en esa lista aparecen sistemáticamente 22 años, lo que indica una incorporación reglada de cohortes jóvenes al censo. En 1946 se mantiene el rango amplio de edades adultas, pero ahora el estado civil permite distinguir con más claridad ciclos vitales: solteros/as jóvenes, casados/as en edades medias, y viudos/as en edades avanzadas. En conclusión: entre 1922 y 1946 se ve un electorado estable y rural, con mucha presencia de edades medias y mayores, pero en 1934–1946 aparece mejor representada y documentada la entrada de cohortes jóvenes, y en 1946 se puede “leer” el ciclo vital con notable precisión gracias al estado civil.
En 1951 la población electoral muestra un abanico amplio con muchos electores entre 20–40, esto es adultos jóvenes y de primera madurez, pero también una presencia notable de mayores (60–80 y más), especialmente viudas. En las primeras páginas aparecen edades altas repetidas (de 70 a 86 años), lo que apunta a envejecimiento relativo dentro del cuerpo electoral (mayores de edad y “cabezas de familia”). La edad mínima efectiva es la de mayoría de edad del momento (se ven muchos 21–23 años), en bastantes casos solteros/as, lo que encaja con jóvenes que aún residen en el hogar familiar. En 1955 se mantiene el mismo patrón: fuerte presencia de adultos jóvenes (21–35), pero también un contingente importante de mayores (70–85), incluidos “subsidiados/jubilados” y viudas. Aparecen perfiles extremos (p. ej. electores de más de 80 años), lo que refuerza la idea de longevidad y envejecimiento relativo del censo, al menos en el universo censado.

Oficios: En el primer período analizado (1890-1910), la estructura ocupacional era bastante coherente y homogénea. Hay un núcleo agrario que resulta mayoritario con un “anillo” de artesanos y oficios manuales y servicios, comercio y una minoritaria pero significativa cantidad de profesionales. Así pues, abundan los jornaleros (trabajadores asalariados agrícolas), labradores (que cultivaban las tierras, propias o ajenas, con mayor autonomía relativa), pastores y oficios ligados a mundo agrario. En 1890 aparecen repetidamente jornaleros y labradores, junto con pastores. También se documentan oficios como zapateros, carpinteros, sastres, herreros, barberos, etc. Se registran médicos y abogados, además de presbítero. En 1900 se repite el mismo patrón de forma muy marcada: jornaleros/labradores/pastores como categorías centrales. Aparecen también tablajeros, tenderos, y otros oficios complementarios, párroco y se observan figuras vinculadas a la administración local en el propio formato censal. En 1910, de nuevo, destacan los labradores y jornaleros, además de braceros, porteadores, etc. Figuran tejedores, herreros, tejeros, panaderos y otros, además de oficios “semi-industriales” o de transformación. Vuelven a figurar perfiles cualificados como abogado y capellán, junto a ocupaciones como industrial o ambulante, que sugieren una diversificación económica incipiente. En conclusión, Fuentes de Nava muestra en estos primeros 30 años de estudio, una economía abrumadoramente agraria (jornaleros/labradores/pastores), sostenida por un tejido artesano imprescindible (zapateros, carpinteros, sastres, albañiles…), y una minoría cualificada (médico/abogado/clero) que actúa como capa de servicios especializados.
En el período 1922-1946 se mantiene el patrón agrario-artesano clásico con servicios cualificados puntuales aunque con novedades relevantes en 1934 y 1946. En 1922, dominan los oficios de jornalero y labrador, junto a pastor; alrededor de ellos aparece un “anillo” de oficios: zapatero, albañil, herrero, panadero, tabernero, etc. y algunas ocupaciones cualificadas: maestro, secretario, farmacéutico, veterinario, practicante. En síntesis, Fuentes de Nava sigue siendo una economía agraria con soporte artesano y servicios locales básicos. En 1934 se consolida el mismo patrón, pero con dos novedades relevantes; la presencia femenina y el registro “Su sexo”. Gran parte de las mujeres aparecen como “Su sexo”, lo que equivale a trabajo doméstico no remunerado / no declarado, mientras los varones concentran “jornalero/labrador/pastor” y oficios. Existe una mayor visibilidad de servicios y oficios específicos. La lista adicional muestra perfiles juveniles como estudiante, además de oficios como talabartero y la presencia de un médico en un asiento, lo que apunta a una mayor diversificación, al menos registral, en los años de la República. Siguen figurando perfiles de farmacéutico, maestro/a, secretario, practicante, etc.

En 1946 se produce una serie de cambios en las categorías ocupacionales. Además del núcleo agrario (labradores, ganaderos, pastores), aparecen con más frecuencia categorías como obrero, industrial, empleado, Guardia Civil, subsidiado y oficios como herrero, albañil, panadero, confitero, organista, escribiente. Este repertorio sugiere dos cosas: cierta reclasificación de parte del trabajo: de “jornalero” a “obrero”, por ejemplo, y huellas de la posguerra en la categoría “subsidiado”. En conclusión hay una continuidad muy fuerte del modelo agrario 1922→1934, con servicios locales cualificados como minoría; en 1946 el núcleo agrario permanece, pero el vocabulario ocupacional se “moderniza” y aparecen señales claras del contexto administrativo y socioeconómico de posguerra (obrero/industrial/Guardia Civil/subsidiado).
En 1951 la estructura ocupacional sigue siendo netamente agraria: Labrador / agricultor / ganadero / pastor aparecen de forma recurrente en varones y, en menor medida, como ocupación explícita en algunos casos, conviviendo con un bloque de oficios y servicios: Obrero, mecánico, zapatero, albañil, panadero, barbero, además de guardia civil y sacerdote, estos últimos muy característicos como “servicios del Estado/Iglesia” en el medio rural. En mujeres, la ocupación se consigna frecuentemente como “Su sexo”, equivalente funcional a “sus labores”, lo que invisibiliza cualquier trabajo agrario auxiliar, los cuidados y la economía doméstica, pero es un patrón documental típico. En 1955 existe un panorama de oficios más diversificados que en 1951. Sigue dominando el bloque agrario: labrador, ganadero, pastor, y en el otro distrito aparece también hortelano con frecuencia. Aumenta la visibilidad de ocupaciones “no agrarias” o de administración/servicios: Guardia civil, sacerdote, veterinario, maestra, secretario, empleado, escribiente, farmacéutico / auxiliar (aparece la figura del farmacéutico y de Auxiliar de Farmacia), etc. También aparecen con claridad oficios manuales y comercio: albañil, herrero, herrador, mecánico, zapatero, sastre, barbero, panadero, pintor, confitero, comerciante, industrial y “guarda ganado”. En 1955 se aprecia una economía rural aún agraria, pero con una capa de especialización artesanal y de servicios más explícita que en censos anteriores o al menos mejor registrada.
Nivel de instrucción: 
En 1890 se utiliza la lectura y escritura como doble indicador de alfabetización. Esto evidencia una bolsa real de analfabetismo entre electores, que, por definición, ya son varones adultos con cierto arraigo. En 1900 se conserva el esquema “leer/escribir” y, además, aparece la condición de elegibilidad para cargos concejiles, separando “capacidad política” formal de la instrucción básica. Siguen viéndose secuencias de
No en lectura/escritura en parte del electorado. En 1910 el campo se formula como una única pregunta (“¿Sabe leer y escribir?”) y lo que se observa en las páginas muestreadas es una predominancia abrumadora del “Sí” con “No” puntuales. En conclusión y respecto a la instrucción: entre 1890–1900 hay analfabetismo apreciable incluso entre electores; en 1910 se aprecia un avance muy notable de la alfabetización funcional, compatible con la expansión de la escolarización obligatoria y la mejora de registros censales a inicios del siglo XX, sin que ello implique alfabetización universal.
Pasemos al período 1922-1946. En 1922, la columna “¿Sabe leer y escribir?” muestra predominio del “Sí” a lo largo de los listados, con algunos “No” puntuales. Esto encaja con un escenario de alfabetización bastante extendida entre electores varones, aunque no universal. En 1934 se mantiene una alfabetización mayoritaria (el “Sí” es lo más frecuente), pero se observan “Noes” con cierta regularidad, especialmente en entradas femeninas “Su sexo” lo que, sin ser una regla absoluta, es un patrón esperable por cohortes y un acceso desigual a la escolarización. En 1946, la columna de “Instrucción” aparece explícitamente y vuelve a predominar el “Sí”, pero hay “No” registrados, por ejemplo, en algunas viudas y determinadas entradas. En conclusión en el periodo 1922–1946 la alfabetización es ya mayoritaria, pero persisten bolsas de no alfabetización que, por el tipo de asientos donde aparecen, parecen asociadas a cohortes mayores y, en 1934, también a una parte del electorado femenino.
En 1951 predomina abrumadoramente el “Sí” en “¿Sabe leer y escribir?”, con pocos “No” puntuales. Esto sugiere que para 1951 la alfabetización básica es ya muy elevada en el colectivo censado (adultos + cabezas de familia). Los “No” que aparecen tienden a concentrarse en mujeres mayores o en perfiles de edad avanzada, coherente con cohortes que se escolarizaron menos. En 1955, predomina igualmente el “Sí”, pero en 1955 se ven “No” de forma algo más explícita en algunos registros concretos, incluso asociados a “sus labores” o a perfiles de edad avanzada. La pauta es consistente con la transición ya observada en 1946: alfabetización muy extendida, con bolsas residuales ligadas a cohortes mayores y, en menor medida, a mujeres registradas en términos domésticos.
Composición familiar:

¿Qué se puede (y qué no) deducir en el primer período de análisis: 1890-1910?. Hay una limitación estructural. Al ser listas electorales, solo incluyen electores; por tanto, no describen familias completas. Hay indicios útiles e inferencias razonables como la concentración de apellidos: Se repiten con mucha frecuencia linajes locales (p. ej., Alonso, Diez, Calleja, Castro, etc.), lo que sugiere una comunidad con alta endogamia/continuidad de familias y redes de parentesco densas. La presencia de calle y número permite detectar varios electores en un mismo inmueble, compatible con: hogares intergeneracionales (padre + hijos varones adultos), hermanos conviviendo o estructuras de casa-labor típicas del medio rural. La información de domicilio es explícita en 1890, 1900 y 1910. En 1900 aparece la anotación “menor” en algún elector, un recurso habitual para distinguir padre/hijo o homónimos dentro de una misma familia. Lo que se ve no es “familia” en sentido demográfico completo, pero sí una huella clara de familias extensas/locales (reiteración de apellidos) y de convivencia de varios varones adultos en algunos domicilios, compatible con el patrón rural de hogares intergeneracionales o de hermanos.
¿Qué podemos observar en 1922-1946?: La deducción familiar se apoya casi solo en domicilio y apellidos, con marcadores tipo “mayor/menor” cuando existen, que suelen señalar homónimos en una misma familia. En 1934 hay una mejora sustancial por la presencia de mujeres. Al incluir mujeres, ya es posible detectar con más fundamento: parejas y unidades familiares (mismo apellido y domicilio en varón/mujer), viudas o mujeres mayores con “Su sexo” que pueden corresponder a hogares encabezados por mujer, y jóvenes en la lista adicional que permiten intuir la “cola” de hijos/as que entran en edad electoral. En 1946 nos encontramos ante una mayor potencia analítica al incorporar estado civil. El estado civil permite una lectura demográfica mucho más clara: abundan casados/as (hogares nucleares predominantes), se identifican viudos/viudas (hogares de supervivencia, a menudo de edad avanzada) y solteros/solteras que pueden corresponder a jóvenes en el hogar de origen o a personas no casadas por trayectoria. Combinando estado civil + domicilio + apellidos, se puede reconstruir con bastante fiabilidad una parte de la estructura doméstica (aunque seguirán faltando menores no electores, y relaciones exactas). En conclusión, 1922 permite ver “linajes” por apellidos y concentración por calles; 1934 abre la puerta a observar hogares por la incorporación femenina; 1946, con estado civil, permite ya una lectura casi demográfica de ciclos familiares (nucleares, viudedad, soltería) y de hogares multigeneracionales por co-residencia en el mismo domicilio.

En 1951 se observan muchos hogares “tipo”
cabeza (varón casado) + esposa en el mismo domicilio; además, no es raro que convivan
jóvenes solteros en el mismo número/calle, interpretables como
hijos/as adultos todavía en casa. Es muy relevante la presencia de
viudas de edad alta, a veces marcadas como “Cabeza”, lo que apunta a: hogares
unipersonales de viudedad, o viudedad
acompañada, si aparecen otras personas en el mismo domicilio. En 1951 esto puede deducirse por repetición de domicilio, aunque no siempre se ve el bloque completo en un mismo fragmento. La
identificación de “Cabeza” permite detectar hogares con
jefatura femenina (viudedad) y también casos de jefatura masculina con
parientes colaterales (hermanos/otros) cuando se repite domicilio con varios solteros/as, aunque en 1951 es más “por indicios” que por estructura explícita.
En 1955 gracias a “cabeza” y a domicilios repetidos, se infieren con bastante seguridad varios tipos de hogar: 1.-Nuclear clásico (cabeza varón casado + esposa): Muy frecuente: cabeza varón “C” y en el mismo domicilio una mujer “C” con “sus labores”. 2.-Nuclear con hijos adultos solteros: Se detecta cuando en el mismo domicilio aparecen uno o varios jóvenes “S” (varón/mujer) con ocupación de obrero, pastor, etc., o “sus labores” en ellas. 3.-Viudedad como jefatura (cabeza mujer viuda): Bastante visible: mujeres “V” (viudas) marcadas como “Cabeza”, a menudo de edad alta. Esto puede corresponder a: hogar unipersonal, o convivencia con familiares (si hay más personas en el domicilio). 4.-Hogares “extendidos” o de apoyo intergeneracional: Se intuyen cuando un mismo domicilio agrupa varias personas con estados civiles distintos y edades muy separadas (por ejemplo, cabeza mayor + adultos jóvenes).
Tal y como vimos en la entrada anterior hay linajes con continuidad, apellidos que se repiten lo que habla de de una población con fuerte estabilidad residencial y reproducción endogámica de linajes locales, donde los apellidos funcionan casi como “topología social” del municipio. Las calles/entidades que aparecen repetidamente como domicilios y que sirven para seguir familias a lo largo del tiempo incluyen, entre otras: Pastores, Losa, Caño, Zorita, San Miguel, Sacramento, Postigo, Plaza, Don Bernardo, Don Narciso, Cárcaba, Vega/Cercas de Vega en 1922. En 1934 aparecen además denominaciones como Avenida, Mayor, Medialuna, etc., junto a las tradicionales. En 1946 se consolida un repertorio amplio (por ejemplo Avenida, Medialuna, Mayor, Cárcaba, Fuentes, Cruz, Huertas, etc.) y se puede cruzar con estado civil. En 1955 aparecen, según el distrito, conjuntos de calles que sugieren doble nomenclatura/ordenación: Un bloque “tradicional” (D. Narciso, Cuartel, Caño, Losa, Zorita, Postigo, Pastores, San Miguel, San Pedro, Vega, etc.). Y otro bloque con Mayor, Avenida, Medialuna, Granadilla, Las Fuentes, Peribáñez, D. Bernardo, Almireces, Canal, Rosario, Huertas, etc.
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