sábado, 24 de enero de 2026

El golpe del 36 en Fuentes de Nava

Mis padres tenían 9 y 7 años cuando se produjo el llamado alzamiento nacional, el golpe de estado de los militares que fracasó en su objetivo inicial de cambiar de un día para otro la legalidad republicana y dio comienzo a la más sangrienta guerra civil que ha conocido España. La provincia de Palencia fue una de las zonas, al igual que en Navarra, en la que triunfó,  sin ninguna oposición ni frente de guerra, el pronunciamiento militar y en la que se persiguió con saña a las personas que se habían identificado en algún momento con posturas izquierdistas o a veces ni eso, pues más de un malquerer llevo a muchos españoles esos días a la tumba. El balance de la represión en Palencia fue de 1.322 víctimas mortales, de las que 867 fueron 'paseados', 348 fusilados y 107 muertos en prisión.

El 18 de julio de 1936 era domingo y la noticias que daban por la radio y que los más pobres oían en cafés del pueblo como "El Espejillo" o los más ricos en sus casas eran confusas aunque no auguraban nada bueno. El lunes 19, transcurrió sin mayores sobresaltos pero el día 20 llegaron al pueblo una camioneta de guardias civiles y falangistas. Destituyeron al alcalde, Don Juan Carnicero, farmacéutico de profesión, que entregó el bastón de mando a un militar veterinario, Miguel Ramos. Otro de los reputados republicanos del pueblo era Don Justiniano Casas, maestro nacional y primer presidente de la Conjunción Republicana que se formó en el pueblo cuando se proclamó la República. Transcurrieron unos días relativamente tranquilos, pero a partir del 25 de julio de Santiago comenzaron las primeras detenciones, cerca de una decena sin contar con los que huyeron al campo el mismo día del golpe. Aunque lo peor estaba por llegar, pues fue en San Agustín cuando, el 28 de agosto  detuvieron a más de una treintena de vecinos del pueblo que retuvieron en la sala de las asambleas del Ayuntamiento, durante dos días y dos interminables noches.

Cuenta Eulogio Herrán, vecino del pueblo, en un interesante librito autobiográfico "Mi relación con Primitiva" que un brigada de la guardia civil dijo a los detenidos en el Ayuntamiento  “el que quiera confesarse que se confiese, que mañana a la salida de misa todos serán fusilados en la Plaza”. Y no era para tomárselo a broma. El día 12 de agosto habían aparecido once cadáveres a la izquierda de la carretera de Autillo con dirección a Villarramiel, y una señora que no murió en el acto y anduvo por las eras se rumorea que la mató Fuentero, vecino de Fuentes. Hubo esos días escuadras de la muerte con sus coches y camionetas que recorrían los pueblos en busca de gente de izquierdas. En Autillo arrestaron a diez u once personas de la Casa del Pueblo.

En Palencia hay registradas 66 fosas, de las cuales 25 constan como exhumadas, mientras que 41 estarían aún por abrir. La fosa con más víctimas exhumadas en esta comunidad es la del antiguo cementerio/parque de la Carcavilla II, donde se han recuperado los restos de 110 personas y que adjunto en la fotografía de abajo. En la provincia de Palencia destacan las fosas de Autillo, Guaza, Frechilla, Cisneros, Villarramiel, Becerril, Paredes de Nava, Villada, Villaumbrales y Baquerín, casi todas ellas, como se ve, en la comarca de la Tierra de Campos palentina.
 
Obvio por respeto a los descendientes,  un buen nombre de nombres y apellidos de personas de a pie de calle, cuya identidad conozco,  pues hubo algunos vecinos de Fuentes entre los asesinos de las sacas que se hicieron en otros pueblos vecinos,  al igual que hubo  muchos vecinos de Fuentes entre los perseguidos, detenidos y asesinados en aquellos aciagos días. Fueron días en los que hubo gente de izquierdas que se trocaron aparentemente en gente de derechas por salvar el pellejo. También hubo personas como Segundo Diez, un reputado propietario de Fuentes con bastante mando que se interpuso ante los matarifes y salvó la vida a un buen número de vecinos que habían sido detenidos esos días por un quítame esas pajas, una inocente querencia política o a menudo por un mal querer de un vecino o un familiar, hasta el punto de que no consta fusilamiento de vecinos esos días de finales de agosto dentro del pueblo.  Entre los muertos recuerdo haber escuchado el caso de una chica de 16 años asesinada a dos kilómetros del pueblo  que fue desenterrada en torno a 1958 y estaba igual que cuando la enterraron. Aquel hecho que en otras circunstancias hubiera sido causa de canonización fue ocultado y enterrado nuevamente al igual que la victima. La guerra impactó poderosamente en las generaciones que la vivieron, especialmente en la de mis  padres y abuelos en la postguerra y mucho más allá durante muchos años nadie quería hablar de esos días ni mucho menos de política. No era fácil en un pueblo donde todos se conocían  cruzarse todos los días con personas que habían detenido a vecinos del pueblo o asesinado a  sangre fría a un buen número de personas de los pueblos de la comarca.

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