sábado, 14 de febrero de 2026

Comercios de Fuentes de Nava en los años 40

En los años 40 Fuentes de Nava tenía 1.884 habitantes de hecho y 1.964 de derecho. Era Alcalde de la villa, Marcial Sánchez que ostentaba, además,  la jefatura de la FET y de las JONS y el secretario de la corporación era Moisés Martín. El pueblo contaba además con un juez de paz, Román Santiago y con un secretario asistente, Isaac Ibáñez. Impartían clases en la escuela nacional los siguientes maestr@s: Carmen Sánchez, Edelmira Fondevilla, Victoria Guerra, Daniel Ramírez y Francisco Melero. El párroco era Don Quirino, D. Quirino Cuesta, siendo coadjutor de la iglesia de Santa María, Gabriel Rodríguez. El médico en aquel entonces se llamaba Miguel Carreras, -yo recordaba en mi infancia a Don Juan, Don Juan Taboada del que hablaré en otra entrada y el practicante era Alejandro Aguado. Al frente de la farmacia estaba Manuel Camazón.

Entre los mayores propietarios, personas principales del pueblo, estaban Mariano Vega, Juan Díez, Florencio Rodríguez y Abdón Sevilla, estos dos últimos eran además abogados; Florencio contaba con muchas tierras de cultivo, también vendía vino. Otros grandes cosecheros eran Miguel Carreras, el médico del pueblo, Anastasio Diez y el mencionado Sevilla. El pueblo contaba, según la guía comercial de 1947,  con dos sociedades: la de la Hermandad Agropecuaria y la del Sindicato Católico Agrario;  tres cafetines:  el de Jesús Herrán (Jesús "el confitero") que además del negocio familiar (una tienda de comestibles, cerería-pastelería) también tenía un salón de baile, el de Alejandro Iglesias y el de Manuel Martín. Entre los maestros albañiles estaban los hermanos Ibáñez (Alberto, Celestino, Emiliano y Felipe), el hermano de mi abuelo, Marcelino Albillo, -mi abuelo Máximo había dejado el oficio de albañil antes de los 40 años metiéndose como he dicho en otra entrada en el negocio de la hostelería y  contaba desde finales de los años 20 con una taberna, taberna que se mantendría abierta, al menos hasta finales de los años  60 y  también llegó a contar después de la guerra con un salón de baile. Había una tejería en el pueblo regentada por los hermanos Torío (Julio y Mariano) y una fábrica de mosaicos (cuyo titular era la Vda. de Ibáñez).

Las carnicerías del pueblo las regentaban Santiago León y Justo Carriedo, este último era un notable ganadero de la zona; otros ganaderos destacados eran Pablo Muñoz, Justo Moro o Florencio Diez, al que he aludido en la entrada de la guerra civil. Los Diez eran una familia muy importante en el pueblo. Había un estanco regentado por Rosa Pajares; otro Pajares, Crescencio, era comerciante de tejidos al igual que Miguel Matía y Francisco Pérez; Mariano Francisco era sastre; también había una fábrica de cerveza que llevaban los hijos de Sotero Ibáñez; cuatro zapateros (uno de ellos, Enrique López, padre de mi tío Manuel, marido de mi tía Secundina), los otros eran Estanislao Alonso, Donato Martín e Hijos de Matía; dos carpinteros: Eustaquio Calleja, y Casimiro Rodríguez;  tres tiendas de comestibles: la de Gabino Tazo, un tal Herrán, y Gabino Palencia (su hermano Feliciano hacía velas, y tenía artículos de ferretería); dos panaderías, la más famosa la de Vicente Sevilla y la de Desiderio Martín.  Entre las modistas del pueblo estaban Iluminada Mazariegos y Ricarda Sevilla y entre los peluqueros, Florencio Herrán y José Luis. Construían carros, -pues eran herreros-, Heliodoro Calvo y Jerónimo Pérez, José Lobete tenía una vaquería,  el electricista del pueblo era Antonio Andrés y el pintor Manuel Martín.